Guía · Cumpleaños infantil
Buscar invitaciones de cumpleaños te devuelve mil plantillas y ninguna respuesta a la pregunta de verdad: cuál te conviene a ti. No es lo mismo avisar a doce familias del colegio que a ocho amigos para una cena, ni un primer cumpleaños que uno de dieciséis. Cambia el formato, cambia el tono y cambia por dónde se envía. En esta guía te ayudamos a elegir en dos minutos: primero identificas qué tipo necesitas, luego ves qué formatos existen hoy y cuál encaja, y te llevas los textos hechos. Al final te contamos qué hacemos nosotras, que es una parte concreta de todo esto y no todo.


4 diseños únicos por 3,99 €, listos en 15 minutos
Crear mi invitación
Antes de mirar diseños, contesta a tres preguntas. Con eso ya sabes por dónde tirar.
Un bebé, de cero a dos años. La invitación es para los adultos y el recuerdo pesa más que la información. Aquí es donde el papel todavía gana: ese sobre acaba guardado en una caja. Si quieres profundizar, tenemos una guía dedicada a te invito a mi primer cumpleaños.
Un niño o niña de tres a doce. El grueso de las búsquedas y donde más importa la temática, porque el peque la enseña orgulloso en clase. Está todo desarrollado en la guía de invitación de cumpleaños infantil.
Un adolescente. Aquí la temática desaparece y manda el tono. Quieren algo que puedan reenviar sin que les dé vergüenza, y el mejor formato suele ser el que se ve entero en el móvil sin abrir nada.
Un adulto. Cambia todo: la invitación deja de ser un cartel y pasa a ser un mensaje bien escrito. Muchas veces basta con texto y una imagen sobria.
Hasta diez personas, mensaje individual. Con menos de diez invitados, un privado a cada uno funciona mejor que cualquier grupo: llega, se lee y se contesta.
De diez a treinta, grupo. Es el terreno del grupo del colegio o de la pandilla, y donde una imagen bien hecha rinde más.
Más de treinta, imagen más lista de control aparte. Ningún grupo de cuarenta personas te da confirmaciones fiables. Necesitas apuntar en algún sitio quién ha dicho que sí.
Si te quedan tres semanas, puedes permitirte imprimir, encargar o hacerla tú con calma. Si te quedan tres días, olvida el papel: no llega. Y si te queda una tarde, la respuesta es digital y con algo ya hecho.
Ese cálculo se hace mal casi siempre, y en la misma dirección: pensamos que tenemos más margen del que hay. Del día que decides la fecha al día que mandas la invitación pasa una semana larga en la que no ha ocurrido nada. Cuenta hacia atrás desde el cumple, no hacia delante desde hoy, y verás el plazo real.
No son solo «papel o digital». Hay cuatro opciones reales y cada una resuelve un problema distinto.
Es el formato dominante y por buenos motivos: se ve completa en la previsualización del chat, sirve igual para los estados y no obliga a abrir nada. Funciona en cualquier móvil y no caduca.
Su límite es que no recoge confirmaciones. Tendrás que contarlas a mano.
Llama más la atención y a los peques les encanta. Cinco o diez segundos con música bastan.
En contra: pesa, algunos móviles lo comprimen hasta dejarlo feo, y no todo el mundo le da al play. Como refuerzo va bien; como única invitación, arriesgado.
Un enlace que abre una invitación y un botón de «sí voy». Resuelve el problema de las confirmaciones, que es el que más quebraderos da.
A cambio, pides un clic extra. Y hay gente que no abre enlaces de números que no tiene guardados.
Sigue teniendo su sitio: primeros cumpleaños, celebraciones familiares, cuando quieres entregarla en mano. El sobre se guarda, la imagen no.
Cuesta más y hay que contar con los días de imprenta y el desplazamiento.
El mismo diseño con el texto equivocado no funciona. Y el ajuste es más pequeño de lo que parece.
Escribe a los padres, no al niño. Son ellos quienes deciden, apuntan la fecha y confirman. Tono cercano, datos claros y una sola llamada a confirmar.
El nombre del peque va grande porque es el reclamo emocional, pero la información práctica es para el adulto que lo lee.
Menos texto y cero condescendencia. Nada de «trae ganas de jugar». La hora, el sitio y poco más, con un tono que puedan reenviar sin sentirse ridículos.
Y déjale elegir a él o ella. Una invitación que no le representa no la comparte, y entonces da igual lo bien hecha que esté.
Aquí la invitación es sobre todo logística: qué día, dónde, a qué hora y si hay que traer algo. Si es una cena, avisa del tipo de sitio. Si hay sorpresa, dilo claro y en mayúsculas, que siempre se cuela alguien.
El humor funciona, pero medido. Lo que en un cumple infantil es simpático, en uno de adultos puede sonar forzado.
Da igual lo buena que sea si llega mal.
Es el canal por defecto, y ahí la imagen vertical gana siempre. Mándala como foto, nunca como documento adjunto: en el chat, un archivo adjunto es un icono gris que nadie abre.
Y mete la dirección dentro de la propia imagen. El mensaje que la acompaña queda sepultado en dos días; la imagen viaja sola.
Tiene sentido para cumpleaños de adultos, celebraciones de empresa o cuando necesitas dejar constancia. Permite más texto y adjuntar un mapa.
Para un cumple infantil, no: los padres no leen el correo con esa urgencia.
Sigue siendo lo más efectivo, con diferencia. Nadie ignora una invitación que le dan en la puerta del colegio. El problema es la logística, así que suele combinarse: digital para todos y unas pocas impresas para los amigos cercanos.
Nadie pone precio a esto porque el coste real no está solo en el dinero. Aquí van las tres vías con lo que cuestan de verdad.
Cero euros y entre veinte minutos y dos horas, según lo que te pelees con el editor y con la tipografía. Merece la pena si disfrutas del rato o si el diseño te da igual.
Lo que suele pasar: empiezas a las diez de la noche pensando que son diez minutos y acabas a las once y media con algo que no te convence del todo.
Un pack de veinte se mueve entre quince y treinta euros, más el desplazamiento a recogerlas y dos o tres días de espera. El resultado es bonito y se guarda.
Compensa cuando el recuerdo físico es parte de la celebración. Para avisar a un grupo, es mucha logística para algo que acaba arrugado en una mochila.
Entre tres y quince euros según dónde, y de minutos a un día de espera. No hay desplazamiento ni impresión, y lo recibes listo para mandar.
Es la opción de quien tiene poco tiempo y quiere que quede bien sin ocuparse.
Es la parte que menos se planifica y la que más disgustos da. Contar mal significa quedarse corta de comida o tirar la mitad.
En cuanto alguien confirme, apúntalo en otro sitio: una nota del móvil, una hoja, lo que sea. El historial de un grupo activo se traga las confirmaciones en dos días, y acabarás releyendo cuatrocientos mensajes el viernes por la noche.
Dos columnas bastan: quién viene y cuántos son. Esa segunda importa más de lo que parece, porque en los cumples infantiles casi nunca viene uno solo.
Si es de peques, pregunta directamente si se queda algún adulto. En unos cumples se quedan todos y en otros ninguno, y la diferencia entre las dos cosas son veinte raciones.
Ponlo en la propia invitación si tienes clara la respuesta: «los papás, bienvenidos» o «os recogemos a las siete» ahorra quince conversaciones privadas.
La regla que funciona: cuenta los confirmados y suma un diez por ciento. Siempre aparece alguien que dio por hecho que estaba dicho.
Lo que no compensa es prepararse para el doble por si acaso. Sobra comida, sobra sitio y se nota que la fiesta se ha quedado grande.
Hay situaciones que la plantilla estándar no cubre y que aparecen más de lo que uno espera.
Dos hermanos, o dos amigos que celebran juntos. Una sola invitación con los dos nombres y las dos edades funciona mejor que dos separadas: menos mensajes, cero confusión de fechas y la mitad de trabajo.
El único cuidado es visual: que ninguno de los dos nombres quede claramente en segundo plano, porque eso se nota y duele.
El aviso va primero y en mayúsculas: es una sorpresa. Va antes que la fecha, antes que el sitio y antes que nada. Si va al final, alguien no llega a leerlo.
Y manda la invitación por privado, nunca a un grupo donde esté el homenajeado o alguien cercano. Se han descubierto sorpresas por menos.
Es incómodo y no tiene una solución perfecta. Lo que sí ayuda: mandarla por privado a cada familia invitada, no al grupo general. Así los no invitados no se enteran por un mensaje.
Y si son más de la mitad de la clase, plantéate invitar a todos. La diferencia de coste suele ser menor que el mal rato.
Manda la invitación igual. Parece contraintuitivo, pero a los abuelos que están a seiscientos kilómetros les hace más ilusión recibirla que a la mitad de los que sí van.
No es un aviso, es un gesto: significa que estaban en la lista. Y muchas veces acaba en una videollamada el día de la fiesta, que es lo más parecido a estar allí.
Si la mandas con esa intención, añade una línea. «Sabemos que no puedes venir, pero queríamos que la tuvieras» cambia por completo cómo se recibe.
Te lo decimos claro porque preferimos que no pierdas el tiempo.
Todo lo de arriba te sirve igual: los formatos, los canales, el tono y buena parte de los textos de abajo funcionan para cualquier edad.
Pero lo que nosotras hacemos hoy son invitaciones de cumpleaños infantiles. Si organizas un cumple de treinta, cuarenta o una celebración familiar de adultos, quédate con la guía y los textos, que son tuyos, y busca el diseño en otra parte. No queremos venderte algo que no encaja.
Si el cumple es de un peque, sigue leyendo.


Invitaciones de cumpleaños infantiles únicas, creadas bajo pedido. No son plantillas: cada pedido se diseña desde cero y no se reutiliza con otra familia.
Cómo va: pulsas el botón y un asistente te pregunta el nombre del peque, dónde es la fiesta y el día. Eliges la temática y los colores que le gusten. Si quieres, subes su foto y se convierte en el protagonista de su propio cartel. Y siempre borramos la foto. Tranquila.
En unos quince minutos tienes cuatro diseños distintos en vertical, listos para compartir. Eliges tu favorito y te quedas los cuatro. Cuesta 3,99 €, pago único con tarjeta, sin suscripción. Y si quieres imprimirla en grande, hay una versión en alta resolución como extra.
4 invitaciones únicas, listas para compartir
3,99 €
Listas en 15 minutos
Crear mi invitaciónLa imagen vertical, en la mayoría de casos. Se ve entera en la previsualización del móvil sin abrir nada, sirve igual para los estados y no depende de que nadie pulse un enlace. El papel sigue mereciendo la pena en primeros cumpleaños y celebraciones familiares, donde el recuerdo físico cuenta.
Entre dos y tres semanas para una celebración normal. Si cae en puente o cerca de vacaciones, amplía a cuatro semanas, porque esas fechas se cierran antes. Un único recordatorio tres o cuatro días antes sube bastante la asistencia.
Nombre de quien cumple, edad si procede, fecha, hora y lugar. En ese orden de importancia. Si el sitio es difícil de encontrar, añade una referencia corta en vez de indicaciones largas. Todo lo demás se resuelve por privado cuando te contesten.
Hoy no. Nos dedicamos solo a cumpleaños infantiles, y preferimos decirlo antes de que pierdas el tiempo. La guía y los textos de esta página te sirven igual para cualquier edad.
Sí, en las invitaciones infantiles que hacemos. El peque se convierte en el protagonista del diseño. Usamos la foto solo para crear tus invitaciones y después la borramos siempre: no la guardamos ni la reutilizamos.
Invitaciones únicas sin plantilla en 15 minutos
Crear mi invitación4 variaciones · 3,99 € · Máxima privacidad